Hacía
algunos días que Jorge Juan no concurría a la escuela, a causa de una grave
enfermedad.
Sus
compañeros le echaban de menos, porque Jorge Juan era bueno, buenísimo y uno de
los más decididos, ocurrentes e ingeniosos para organizar juegos y
distracciones de toda clase.
Cerca,,
cerquita de su casa comentaban el suceso varios niños que habían ido hasta allí
con propósito de visitarle; porque, como podéis suponer, Jorge Juan era querido
de grandes y pequeñuelos.
-Yo
no iré con vosotros-dijo uno de los muchachos-pues en casa me reñirían.
-¿Y
por qué te reñirían? ¿Por qué?-replicáronle a un tiempo varios niños, aguijoneados
por la curiosidad.
-Os
lo diré, pero no me descubráis. Dicen que Jorge Juan padece una enfermedad
contagiosa. Cuantos entren en su casa están expuestos a morir; porque, ¿oís?,
el pobre Jorge se muere, se muere sin remisión.
Los
muchachos quedaron consternados como si vieran un fantasma delante de sí, y, si
no dieron un paso atrás, lo cierto es que se abstuvieron de entrar en la casa de
su buen amigo.
Manolillo
fue el único que, adelantándose, exclamó:
-Pues,
yo quiero verle, ¡Pobrecillo Jorge!
Y
esto diciendo, entró decididamente en la casa, que conocía muy bien, y, sin que
nadie le pusiera estorbo, llegó hasta la alcoba de su querido amigo.
A
nadie esperaban en la casita; porque, en efecto, cundía la noticia de que la
enfermedad era contagiosa y no se acercaba persona alguna a la cabecera del
pobre niño, exceptuando a su desconsolada madrecita.
El
enfermo estaba amodorrado, y al pie de su cama lloraba, presa de terrible angustia, una madre
infeliz.
Sin
que ésta lo notase, Manolo subió en una silla; dio un beso a Jorge Juan, y le
dijo cariñosamente:
-¡Mira,
tú, a ver si te curas! ¿Eh? ¡Qué vamos a jugar al trompo!
La
madre de Jorge levantó la cabeza y, sin poder contenerse, estrechó a Manolillo
en sus brazos, besándole enternecida.
-¡Hijo
mío! ¡Hijo mío!-grito.
Jorge
Juan abrió los ojos, reconoció a su
camarada y sonrió dulcemente.
-¡Ah,
qué dichosa soy!-continuó la madre.-Hace dos días que no le había visto abrir
los ojos, ni los labios han pronunciado una palabra. ¡Dios te premie la
caridad, Manuel!
¿Y
creéis que paró ahí la hazaña de Manolo?
Llegó
a su casa, habló a su padre con tanto interés a favor del pobre enfermo, que
aquella misma noche el buen señor visitaba a Jorge Juan.
La
dolencia que éste padecía no era sino una gran anemia agravada por la pobreza
de aquella madre, víctima inocente de cien inesperadas contrariedades.
El papá de Manolo atendió, con largueza, a
las ocultas necesidades de la infeliz familia, y pocas semanas después, Jorge
Juan se hallaba completamente restablecido.
Jamás
olvidó la noble acción de su querido compañero, y éste no tuvo, en la vida, un
amigo más sincero y más leal; de tal manera, que llegó a prestar a Manuel
servicios utilísimos.
Tampoco
la buena madre olvidó jamás los favores que ella y su hijo recibieron en
aquella época de infortunio. Siempre de decía a Jorge: <<Hijo mío da tu
alma a Manuel si un día la necesita>>. Que vea premiada de algún modo su
inmensa caridad.
Sed
misericordiosos con el pobre; el cielo os pagará con creces cuánto por él
hagáis.
Si
tenéis poco, dad poco; si tenéis mucho, dad mucho; pero dad siempre.
Preceptos morales:
¿Qué le ocurría a Jorge Juan?
¿Por qué no fueron a verle sus amigos?
¿Quién fue únicamente?
¿Qué demostró Manolo al visitar a su amigo
enfermo?
Explíquese ¿cómo Manolo llegó a la cabecera del
enfermo y qué ocurrió? ¿Qué hizo además, Manolo? ¿Y su padre?
¿Qué enfermedad padecía Jorge Juan?
¿Cómo correspondió éste a los favores de su amigo?
¿Y la madre?
Lenguaje:
¿Abnegación?
¿Ocurrente?
¿Enfermedad contagiosa?
¿Sin remisión?
¿Amodorrado?
¿Hazaña?
¿Anemia?
¿Anémico?
¿Infortunio? ¿Lo contrario de infortunio?
¿Ser misericordioso?
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