miércoles, 25 de marzo de 2015

Tráfico de influencias, corrupción, coacción en las elecciones de Andalucía-España.


Habrán obedecido los funcionarios de carrera y los trabajadores contratados de la Junta, claro está visitando a empresarios y comercios ofreciéndoles a estos pobres desgraciados una migaja de esperanza y con el miedo en el cuerpo, estos votan hasta al más corrupto.
Con un pensamiento así legítimas la corrupción, el abuso del poder político y la falta de democracia real que todos sufrimos. 
Andalucía sigue siendo un cortijo. De todos modos, como muestra de política del miedo. Como hecho cabe recalcar que Andalucía, ocupa el segundo lugar de analfabetismo, entre las Comunidades de España.
 Y yo que me imaginaba que compraban los votos con capitales puros y duros directamente (capitales del propio erario público) antes de las elecciones....va a resultar que ni siquiera eso, les coaccionan con eliminar sus propios derechos fundamentales y punto, es decir, que lo hacen indirectamente. Sociedad cobarde e idiota.
En capitalismo debería haber democracia. Mientras tanto, seguiremos viviendo y viendo injusticias, sufrimientos y humillaciones totalmente normalizadas y sistematizadas.
 Utilizan el miedo para matar la libertad democrática de los trabajadores. El discurso del miedo y la amenaza en el trabajo debería ser denunciable y comparable al mobbing
Esta es la red clientelar y enchufista de la Junta, sembrada durante décadas; esas son las bases de las victorias electorales en Andalucía, los motivos de tanta corrupción, y la herramienta para mantener a una nación engañada, subordinada y colonizada.

El problema base del que parte la disputa entre partidos es que en contadas ocasiones anteponen los intereses del partido a los del pueblo, irónico ya que ellos “tendrían que ser el pueblo” , con esto quiero decir que no tendría por qué haber una lucha de intereses ya que los intereses tendrían que ser los mismo, representar a los ciudadanos, al igual que el presidente de una comunidad tiene que llevar todo lo que engloba a esa comunidad de vecinos y poner orden entre estos, velar sus derechos y dirigir sus obligaciones. 

Descartes: "Un gran especialista en algo es un gran analfabeto en todo".



Hay que recordar que hace treinta años los niños podían dejar de ir a la escuela sin que a nadie le importase. El analfabetismo en este país es un problema profundamente arraigado en su atraso social histórico y en su entrada tardía en la revolución industrial. La primera generación que fue masivamente al colegio data de los años sesenta. La universidad era solo para gente muy acomodada o para héroes. Ese legado de desigualdad e incultura no se quita tan rápido invirtiendo tan poco en educación, especialmente en guarderías, primaria y secundaria.
Tomando en cuenta que el fracaso escolar en muchas comunidades de España es del 30-35%, cualquiera que se crea que sabe contar, calcular y pensar (bueno, pensar, vamos a dejarlo ahí), se cree que puede escribir correctamente. Son personas que poca importancia le dan a su educación y preparación. Prefieren hacer críticas y lo único que tienen en la cara es pintura o fhotoshop. Solo hay que leer en las páginas sociales y ver las verdaderas barbaridades de ortografía, puntuación, desarrollo de una conversación virtual escrita en tiempo real, para saber el nivel de analfabetismo a pesar, de la formación y educación de la que se presume. Esa es la Andalucía. Que nada tiene que ver con el maravilloso patrimonio que les  han dejado los árabes, los fenicios, los visigodos, etc., en las ocho provincias andaluzas.

Tráfico de influencias, cocciones en el poder de Andalucía.

sábado, 21 de marzo de 2015

¡Mediocres!









¡No me acuerdo cuál es su nombre verdadero así que me lo invento! 
El odio, el racismo y la envidia encuentra vida en los mediocres hechos en la cuna de las almas indignas.




Los atajos!

LOS TRES CONSEJOS.

Una pareja de recién casados eran muy pobres y vivían de los favores de las gentes de un pequeño pueblo. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:
"Querida voy a irme de nuestra casa por un tiempo, buscaré un empleo y trabajaré hasta que haya ganado el suficiente dinero como para regresar y poder darte una vida más cómoda y digna. 
No se cuanto tiempo voy a estar lejos de ti, solo te pido una cosa, que me esperes y me seas fiel. Por mi parte, yo prometo serte fiel.
Así, que el joven camino varios día, hasta que al fin encontró un hacendado que estaba necesitando un ayudante para su hacienda. El joven se ofreció para trabajar y fue aceptado.
Pero decidió hacer un pacto con su jefe:
Déjeme trabajar por un tiempo y cuando crea que es tiempo de irme, usted me liberará de mis obligaciones. Yo no quiero recibir mi salario, quiero que lo ingrese en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. Entonces en ese momento usted me dará el dinero que yo haya ganado.
Se pusieron de acuerdo y aquel joven trabajo durante veinte años, sin vacaciones, ni descanso.
Transcurrido ese tiempo se acerco a su patrón y le dijo:
Jefe, ya es hora de regresar a mi casa, quiero que me entregue mis ahorros, saldré mañana muy temprano.

El patrón estuvo de acuerdo, pero antes de cumplir con su parte del pacto, le hizo una propuesta:
Yo puedo darte tu dinero y tú te vas, o puedo darte tres consejos y no te doy el dinero y te vas.

Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.

El pensó durante dos días, con muchas dudas porque se trataba de mucho dinero, pero como respetaba a su patrón y lo consideraba un gran sabio y sabía que lo amaba como a su propio hijo, finalmente no dudo y le dijo: "Quiero los tres consejos".

El patrón le recordó: "Si te doy los consejos, no te doy el dinero.". Si, si, lo sé, pero quiero los consejos.
EL patrón entonces le aconsejo:

1. “Nunca tomes atajos en tu vida”. Los caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

2. “Nunca seas curioso de aquello que represente el mal”. La curiosidad por el mal puede ser fatal.

3. “Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor”. Puede que te arrepientas toda la vida.

Después de darle los consejos el patrón le dijo al joven:
"Aquí tienes tres panes”, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comerlo con tu esposa cuando llegues a tu casa.
Después de veinte años fuera de su casa, el hombre comenzó el largo recorrido para regresar con su familia.

Cuando había realizado el primer día de viaje, encontró una persona después de saludarlo le pregunto adonde iba. El le respondió: Voy a un pueblecito muy distante que queda a más de veinte días de caminata por este camino.

El hombre le dijo entonces: Este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días. El se puso contento y comenzó a caminar por el atajo, pero de pronto se acordó del primer consejo.
“Nunca tomes atajos en tu vida”. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

Entonces salió de aquel atajo y volvió a seguir su camino. 
Dos días después se enteró que otros viajeros que habían tomado el atajo habían sido asaltados, golpeados y les robaron todo lo que tenían. Ese atajo conducía a una emboscada.

Después de algunos días de viaje, ya muy cansado, encontró un pequeño hotel y pensó en pasar allí la noche. Era ya muy tarde y al llamar una mujer le abrió la puerta y le atendió.

Tomó un baño y se acostó a dormir. Pero de madrugada se despertó asustado al escuchar un grito aterrador.
Se dirigió hasta la puerta para ir al lugar de donde procedía el grito, pero cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo.
“Nunca seas curioso de aquello que represente el mal”. La curiosidad por el mal puede ser fatal.
Así que regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de desayunar, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y el le contesto que si lo había escuchado. El dueño le pregunto:
si no había sentido curiosidad y él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió: Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de lo qué está pasando, lo mata y luego desaparece.

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.
Después de muchos días y noches de caminata, cuando ya atardecía, vio entre los árboles el humo que salía de la chimenea de su pequeña casa. Se acercó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa.

Aunque estaba anocheciendo, se dio cuenta de que ella no estaba sola. Se acerco un poco más y vio que ella tenía sobre su regazo la cabeza de un hombre al que acariciaba los cabellos.
Cuando vio aquella escena, su corazón se lleno de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiro profundo, apresuro sus pasos, cuando de pronto recordó el tercer consejo. 
“Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor”. Puede que te arrepientas toda la vida.

Entonces se paro y reflexiono, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Después de haber descansado, decidió volver con su patrón, pero antes quería decirle a su esposa que él siempre le había sido fiel.
Se dirigió a la casa. Cuando su esposa abrió la puerta y lo reconoció, lo abrazó fuertemente, pero él con lágrimas en los ojos, le reprochó que no le hubiera sido fiel y que lo hubiera traicionado con otro hombre.
Ella sorprendida le respondió: Yo jamás te traicione, te fui fiel durante todos estos veinte años. 
Y entonces, le pregunto: ¿quien es ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?

Y ella le contesto: Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. 
Entonces el marido entro, abrazo a su hijo y les contó toda su historia, mientras la esposa preparaba la cena. 
Finalmente se sentaron a comer el último pan, tal como le había encargado el patrón. Después de dar gracias por los alimentos, partió el pan y al abrirlo, se encontró con todo el dinero que había ganado durante los veinte años que trabajo para su patrón.





jueves, 19 de marzo de 2015

"Feliz día del padre "Parte de la vida I-El individuo-La familia: Buena hermana.



        No tenía Inesilla más allá de trece años, y como la salud de su madre era, tiempo hacía delicadísima, la niña debía atender a todos los quehaceres de la casa.

        Era Inés una mujercita, y daba gusto verla tan diligente, tan afanosa para con sus padres y sus hermanitos.

        Éstos eran chiquitines, y naturalmente, necesitaban cuidados especiales y un caudal inagotable de cariño, que sólo, parece, puede atesorar el corazón de una madre. Sin embargo, cuantos conocían a la buena Inés, sabían que sus hermanos poseían el inapreciable tesoro de  una segunda madrecita.

        Los cuidados de la ciencia no pudieron contener los progresos de la enfermedad, y la desgraciada señora falleció, sumiendo a su familia en pesar amargo.

        -Inés, hija mía- le dijo su papá sin poder contener las lágrimas que brotaban de sus ojos- por la memoria de esta santa que nos deja para siempre, sé una verdadera madre para tus hermanos; que yo no deba pensar jamás en que otra mujer les atienda y acaricie.

        -Yo sabré cumplir con mis deberes, padre mío- le contestó Inés arrojándose a sus brazos.

        Pasaron tres años sin que Inés desmayase un solo instante, sin que la niña dejase de cumplir, con creces, la promesa que hizo a su papá ante el frío cadáver de su madre. Jamás se vio a una familia mejor atendida; jamás niña alguna ha sabido prodigar a sus hermanitos tanto cariño, tantos cuidados y consuelos. Inés era la admiración de todo el pueblo, sobre todo desde que fue público y notorio que sus hermanos eran ingratos con su afanosa madrecita, a pesar de las amonestaciones de su papá.

        Cierto día, Alfonso, el mayor de ellos, tuvo el atrevimiento de golpear a la joven, de quien tantos beneficios recibía. El padre, indignado, hubiera descargado sobre él un castigo ejemplar, si la buena Inés no hubiese intercedido a favor del culpable.

        -¡Ingrato! ¡Ingrato!- le dijo el padre. –No tienes perdón de Dios si tu alma no siente el remordimiento.

        -¡Agradece a tu santa hermana que no haya debido daros una madrastra!

¿No recuerdas a tu madre? ¿No la quieres todavía? ¿Quieres que te maldiga desde el cielo?

-¡Perdón, perdón, Inés!- sollozó Alfonso abrazando a su bondadosa hermana.

Y la buena niña castigó al arrepentido, depositando en su frente un beso amorosísimo.

La ingratitud es una falta aborrecible que nunca queda sin castigo.

        Nada más indigno de alabanza que el arrepentimiento firme y sincero.

Preceptos morales:

¿De qué niña hemos hablado? ¿Cuáles eran sus ocupaciones? ¿Por qué?

¿Qué desgracia experimento la familia?

¿Qué suplico su padre a Inés? ¿Qué demostró su padre con esta súplice? ¿Correspondió la niña a los deseos de su papá? ¿Por qué?

Los hermanos de Inés ¿eran agradecidos? ¿Qué sucedió cierto día? ¿Qué dijo el padre del ingrato Alfonso? ¿Cómo obro, entonces, Alfonso? ¿Y la buena Inés?

Lenguaje:

¿Caudal de cariño?

¿Qué significa, aquí, la palabra caudal?

¿Acaudalado?

¿Tesoro…tesorero…tesorería?

¿Atesorar? ¿Lo contrario de atesorar?

¿Interceder?

¿Madrastra?